Divergente de Veronica Roth

No me gusta nada el futuro que nos ofrecen algunos libros, casi más desolador que el de Orwell… (¿futuro?)

Así que, según Ally Condie en la trilogía que comenzó con Juntos, Suzanne Collins con los archiconocidos Juegos del Hambre (por cierto, el otro día ví la película con un hombre adulto y fan de la ciencia ficción, que no sabía de qué iba la historia, y le horrorizó), o Verónica Roth con la trilogía Divergente, por poner algunos ejemplos, nuestros hijos o nietos van a tener una vida completamente privada de libertad. No me gusta.

Esta vez la historia transcurre en Chicago, una ciudad aislada y rodeada por una gran cerca y cuya sociedad se divide en cinco facciones, cada una de ellas enfocada únicamente en una virtud: Verdad, Osadía, Abnegación, Erudición y Cordialidad.

Da igual dentro de qué facción hayas nacido, una vez cumplidos los dieciseis años tendrás que elegir a cuál vas a pertenecer, tras pasar una prueba, que analiza tus reacciones a una simulación. Si el resultado de dicha prueba indica que has de pertenecer a una facción distinta a la de tu familia, habrás de despedirte de ellos. La facción es antes que la sangre.

Beatrice y su hermano Caleb pertenecen a Abnegación una facción que bien podría llamarse Amish. En ella lo único que importa es el servicio a los demás, el altruismo y el desinterés por uno mismo. Visten de gris, no tienen espejos, ni adornos en sus casas, ni mucho menos libros. Eso es típico de los que pertenecen a Erudición, y no se puede decir que se lleven precisamente bien entre ellos.

Pero Beatrice va a descubrir que podría pertenecer a más de una facción. Es Divergente. Eso es algo desconocido para (casi) todo el mundo, y, sobre todo es peligroso. Así que entre las tres opciones por las que se podría decidir, Abnegación, Erudición y Osadía, se va a arriesgar a acceder a esta última.

Y una vez hecha la elección, no hay vuelta atrás. A no ser que quieras pertenecer al grupo de los parias sin facción, que como auténticos homeless viven en las calles.

Entras en el cuartel general de Osadía y te da la impresión de estar en La Chaqueta Metálica. La vida no tiene ningún valor. Las pruebas para ser admitido (el hecho de haber elegido pertenecer a Osadía no te asegura la permanencia) brutales, sobre todo para los transferidos, unos chicos y chicas que no están preparados para ello. Por eso van a depender de sus instructores, el despiadado Eric y, sobre todo, el misterioso y atractivo Cuatro.

Tris (ya no será Beatrice nunca más) supera poco a poco las diferntes pruebas, gracias a su valentía, su abnegación y su inteligencia, la ayuda de sus compañeros y la de Cuatro, por quien se va a sentir cada vez más atraída, algo que parece recíproco.

Lo que no espera es encontrarse en el centro de una terrible conspiración, ni la importancia que puede tener dentro de ella.

Publicado originalmente el 19/02/2014